
Le decía mi bisabuela a mi madre que nunca dejara por escrito lo que pensaba, porque las palabras se las llevaba el viento y el papel no. Pero incluso las frases que el aire se traga dejan un regusto en la memoria de quien las oye y que, a veces, es imposible borrar. Las palabras pueden ser hermosas pero también dañinas y crueles y, una vez dichas sin intención o con ella, se convierten en recuerdos que pesan tanto como la prueba escrita.
Cuídate mucho de qué y cómo lo dices o atente a las consecuencias, porque la sinceridad no suele ser plato de gusto para casi nadie. Un “es que había bebido” o “no me encontraba bien” o “compréndelo, estoy sensible” o “no, no quise hacerte daño” en ocasiones no es suficiente, aún cuando tus palabras se las haya llevado el viento…
1 comentario:
sobre todo el compréndelo, entiéndelo.... me he pasado toda mi vida entendiendo las putadas que me hacen otros.
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